La Humildad de Ana

Publicado: 18 diciembre, 2013 en reflexiones diarias

Vestidos_450_339 Érase una vez, una niña llamada Ana quien vivía con todos los lujos que se espera que una familia adinerada tenga. Cada día por las mañanas le llevaban el desayuno a la cama, tomaba clases de piano, ballet y pintura, sus padres le cumplían cada capricho que ella tenía, por pequeño que fuese. Era una pequeña presumida y altanera.

Un buen día, Ana vagaba por los alrededores de su casa y se encontró con una niña que tenía la misma edad que ella quien se encontraba en el patio trasero jugando con una sucia muñeca de trapo. Ana, quien solo jugaba con muñecas de porcelana se rió por lo bajo y pregunto:

– ¿Y tú quién eres? ¿Por qué juegas con esa muñeca tan fea?

– Me llamo Beatriz, soy hija de tu nana, y mi muñeca no es fea, simplemente está un poco descuidada.- Respondió la niña

– Bueno pues a mí no me gusta – dijo Ana – Tampoco no me gusta que estés en mi jardín, jugando con esa cosa y vestida así.

– No deberías comportarte de esta forma Ana, no deberías juzgar a otros por lo que tienen o por como visten.

– ¿Ah no? Yo hago lo que yo quiero y pienso lo que quiero – Dicho esto se dio la vuelta y se marchó.

Años después, por azahares del destino, la familia de Ana perdió todo su dinero, y de lo único que vivían era del dinero que les quedó por vender la casa. La madre de Ana estaba enferma y su padre se había marchado a otra ciudad para encontrar trabajo.

  A unas cuantas calles de donde vivían, había una cafetería muy famosa, cada que pasaba por ahí el pan del exhibidor y el olor a café hacían que a Ana le diera hambre y se le antojara, pero claro, por la situación de su familia no podía comprar ninguno de los dos.

 101_9352 Cierto día, caminando hacia su casa, vio un letrero colgado en la cafetería en el que solicitaban personal, sin pensarlo dos veces Ana entró a la cafetería y habló con la dueña quien con una sonrisa y un gesto pensativo le dijo que el trabajo era suyo.

Las cosas iban mejorando para Ana y su familia, su padre había encontrado trabajo y les mandaba dinero semanalmente, su madre se había recuperado de su enfermedad gracias a las medicinas que Ana pudo comprar con el dinero de su trabajo.

Pasaron varios meses para que Ana tuviera la oportunidad de hablar con la dueña de la cafetería por segunda ocasión. Grande fue su sorpresa al enterarse que la dueña era nada más y nada menos que Beatriz, la niña con la que una vez se comportó tan déspota y grosera.

Ana aprendió su lección: Nunca debes de ser grosero con nadie, ni juzgar a la gente por lo que tienen, al contrario, debes de ser humilde porque no sabes los planes que el destino tiene preparados para ti.

Me duele confesarlo, pero la vida me ha enseñado más de lo que he aprendido. Para muchos la verdad es lo que eligen creer. Y ya puedes poner evidencias absolutas delante de sus ojos, que seguirán creyendo su versión.

No importa lo grande que te creas o lo alto que te encuentres, sé humilde porque torres enormes se vinieron abajo y parecía imposible.

Deja reposar los acontecimientos. No siempre se tiene al instante la clave de lo que pasa. A veces perdemos un mundo, para ganar un universo. No des nada por seguro antes de tiempo. El mañana es una pizarra en blanco. Nada tiene por qué ser tal y como lo temes o como lo esperas.

tarea-para-hoy-miercoles-aprende-de-todo(no publicado)

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